
De todos los vuelos que he realizado, sólo aquellos con destino u origen Alemania, son los que más me gustan, porque me hacen sentir como en un cumpleaños.
¿Es que encienden velas? ¿Acaso se "montan" fiestas? ¿Regalan las compañías trozos de tarta?
No, pero hay tantos aplausos como en cualquier cumpleaños de un niño al apagar las velas.
Cada vez que aterriza un avión con pasajeros alemanes, se puede oir una gran ovación llena de aplausos. ¿Pero por qué?
Podríamos decir que es una manera de celebrar que han llegado al destino sanos y salvos pero, ¿acaso no se alegran todas las nacionalidades de ello?
La verdad es que a veces me siento un poco ridícula, no sé, todo el mundo palmoteando en el avión mientras los españoles nos quedamos con la boca abierta y los ojos como platos ante semejante ocurrencia.
Pero esto no acaba aquí, hablando de trabajo en Alemania, acabo de recordar que cuando se terminaba de hacer una exposición (independientemente de quienes estuvieran en la reunión, jefecillos o jefazos e independientemente del tema a exponer), el resto de concurrentes daban por zanjado el tema haciendo sonar sus huesos sesamoideos de la mano contra la mesa, aporreándola con toda la sonoridad posible. Y con las dos manos!
Supongo que a los alemanes, tan fríos como se les considera, tienen que expresar de alguna forma sus emociones, de lo contrarío morirían de rectitud.